EL MODO DE PRODUCCIÓN COMUNAL TRIBUTARIO EN LAS SOCIEDADES INCA Y AZTECA
EL MODO DE PRODUCCIÓN COMUNAL TRIBUTARIO EN LAS SOCIEDADES INCA Y
AZTECA
Oscar Panty Neyra*
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LA COMUNIDAD PRIMITIVA Y SU MODO DE PRODUCIÓN
La existencia de la humanidad se remonta a más de dos millones de años con
la aparición del Homo Hábilis; un ser inteligente que supo manipular objetos de piedra, madera y
hueso, y les dio una utilidad en actividades de caza, pesca y recolecta para
su sustento, como también para defenderse de las fieras, de las inclemencias
del medio y de otros individuos ocasionales rivales en sus áreas de acción.
Inicialmente los seres humanos se agruparon formando bandas, luego las gens y los clanes, y después las tribus. Las bandas (también
llamadas hordas) eran grupos de individuos motivados por propósitos y esfuerzos
colectivos de caza, recolecta y hasta
autodefensa para sobrevivir. Las
gens, eran grupos más estables de individuos unidos por vínculos de sangre, lo
que ordena su vida social y sexual (se supera al incesto y surge la exogamia),
lo que a su vez refuerza la cooperación simple, el trabajo en común y en
general el desarrollo de las fuerzas productivas. Varias gens formaron los
clanes y la unión de éstos dio lugar a la tribu como expresión superior de
organización de la comunidad primitiva.
Durante el curso del desarrollo social, los seres
humanos forjaron varias formas de organización desde la sociedad de la
comunidad primitiva hasta la sociedad capitalista, pasando por sociedades
transicionales. En cada sociedad concreta se ha distinguido la base o estructura económica y la superestructura
con sus niveles jurídico-político e
ideológico. Para explicar la base económica se ha recurrido a la categoría modo
de producción, que también es una realidad objetiva. En la base económica pueden existir varios modos de producción, pero uno
es el predominante. El modo de producción es la articulación dialéctica entre
las fuerzas productivas (medios de producción y fuerza de trabajo que es el
hombre) y las relaciones de producción que se establecen entre los hombres en el
proceso productivo. En las sociedades de clases (esclavista, feudal y
capitalista), las relaciones se
establecen entre los dueños de los medios de producción (fabricas, maquinarias,
materia prima) y los trabajadores en el proceso de producción. Tales relaciones
de producción determinan la apropiación
del excedente, En el régimen capitalista los burgueses se apropian del trabajo
excedente mediante la forma de plusvalía. Por el contrario, con el modo de producción de la comunidad
primitiva la apropiación era colectiva, porque allí no existía la propiedad
privada, consecuentemente ni la división
de la sociedad en clases ni la explotación del hombre por el hombre. Los
integrantes de las bandas, gens, clanes y tribus usufructuaban en común de las
tierras, bosques, ríos, animales diversos,
y los instrumentos de producción eran de uso colectivo.
Respecto a la superestructura de la comunidad
primitiva (sus concepciones de la vida, la naturaleza, la moral, su
organización social y su identidad), corresponde afirmar que no era más que el
reflejo de lo que sucedía en la base, vale decir del conjunto de las relaciones
de producción de colaboración mutua. “El hombre de las comunidades primitivas
tenía, él también, su concepción del mundo, aunque no la hubiese formulado
expresamente. Esa concepción del mundo que a nosotros nos parece pueril,
reflejaba, por un lado, el ínfimo dominio que el primitivo había alcanzado
sobre la naturaleza, y por el otro, la organización económica de su tribu
estrechamente vinculada a ese dominio. Puesto que en la comunidad primitiva no se conocían ni rangos ni jerarquías, el
primitivo supuso que la
naturaleza
estaba organizada en igual forma: su religión fue por eso una religión sin dioses. Los primitivos creían, en efecto, en fuerzas difusas, que impregnaban a todo lo existente, de la misma manera como las influencias sociales impregnaban a todos los miembros de la tribu” (Ponce, A. 1973:10).
Por otra parte, no fue posible la constitución del
Estado por la ausencia de las clases sociales y éstas a su vez por la no
existencia de la propiedad privada. No obstante, integraron la organización institucional de la sociedad
primitiva la matriarca primero, el patriarca y el consejo de ancianos después.
Igualmente se avanzó en la organización
de las gens y la tribu para enfrentar a otras gens y tribus en lucha por la
existencia y la ocupación del espacio territorial.
*Dr en Ciencias Sociales. Profesor Principal. Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann. Tacna
2
MODOS DE PRODUCCIÓN EN AMÉRICA AUTÓCTONA
No se sabe con exactitud cuándo empezó el
poblamiento de América. La afirmación generalizada se remonta a poco más de 40 mil
años, cuando América experimentaba los rigores de la glaciación de Wisconsin;
entonces se inició el poblamiento continental
con la llegada sucesiva de bandas de cazadores, pescadores y
recolectores procedentes de Asia, portantes de una cultura típica del
paleolítico inferior y medio basada en la confección de pre puntas
de proyectil. Atravesaron el
estrecho de Bering rumbo a Alaska y se
desplazaron progresivamente hacia los actuales territorios de Canadá y Estados
Unidos, de cuyos sitios más antiguos se ha fechado en Blue Fish Cave, junto al
río Yukon, en 39,000 años a.C. En
Shriger, al norte de Missouri se localizan útiles de talla unifacial y trabajos
en hueso de 43.000 a.C. El Complejo Old Crown, al norte del Yukon, con huesos
quebrados y trabajados de mamut y caribú, más que instrumentos de piedra. China
Lake con 42,350 a.C. Los hallazgos en Isla Santa Rosa, Levi y Lewisville (Texas),
fechado en 36,000 a.C.
En Mesoamérica se ubican Valsequillo (Puebla-México)
huellas humanas sobre cenizas volcánicas, cuyo fechado asciende a 38,000 a.C.
Tequixquiac, Tlapacoya o sitios de la Cueva del Diablo y otros lugares
mexicanos documentan el antiguo horizonte de pre-puntas de proyectil.
En América del Sur se ha registrado este mismo nivel
cultural con cierta dispersión: Cueva de Pickimachay en su fase de Paccaicasa
(Ayacucho Perú), con 22,000 años a.C., Rancho Peludo y Manzanillo en Venezuela,
Tagua Tagua en Chile y los Toldos en Argentina. Los sitios de Cueva da Pedra
Furada (Brasil) de 30,200 años a.C. o Monte Verde (Chile) de 31,500 años a.C. son indicadores de un poblamiento rápido del continente americano, de tal
manera que en el curso de 10,000 años el
hombre se desplazó de Alaska a Patagonia. No se descarta otras rutas y
procedencia como la de Polinesia.
Esta
fue la época temprana de la economía natural primaria de subsistencia, de una
plena integración del hombre a la naturaleza en condiciones de dependencia, de
la cual tomaba los recursos vitales para su sustento. El mantenimiento de la
economía natural por largo tiempo aplazó
la definición de un modo de producción. Sobre este aspecto Luis Vitale expresa:
“Si bien es cierto que estos pueblos [se refiere a los recolectores, pescadores y cazadores] no se organizaron
para la producción sino para la recolección, no puede desconocerse que hacían
un trabajo, especialmente en lo relacionado con la caza mayor. Tenían también,
un tipo de organización social para la pesca y la fabricación conjunta de equipos
y utensilios.”(Vitale, L. 1997: 20).
MODO DE PRODUCCIÓN COMUNAL –MPC-
Después de varios miles de años de economía natural
de subsistencia, las comunidades tribales de América, nómades y trashumantes,
frente a la escasez de recursos alimenticios y ante el aumento de la población,
pasaron a forjar una economía productora con la domesticación de plantas y
animales. Así se impuso el sedentarismo que propició que varios individuos y
familias se unieran por vínculos de parentesco, territorio, religión y trabajo,
formando comunidades con mayor organización y estabilidad, a las que en la
región andina se ha denominado ayllus, y
en México calpullis.
Entre las primeras plantas domesticadas en el
continente, se destaca: En Perú, el frejol
9,000 años a.C.; papa, 8,000 años a.C.;
camote, de 8,000 a 1,000 años a. C. En
la cuenca amazónica, noreste de Brasil, yuca de
7,000 a 9,000 años a.C.; Maíz en México y Perú, 6,000 a 8,000 años a.C.;
calabaza en México, 8,000 años a.C. Por otra parte, los primeros animales que
se domesticó en América fueron los
camélidos llama y alpaca en la región andina, aproximadamente 6,000 años a.C.;
el cobayo (cuy) en la región andina, 5,000
años a.C.; el pavo en México, 1,000 años a.C.; el perro domesticado desde hace 13,500 años a.C., no tiene lugar
determinado en el planeta.
La domesticación de plantas y animales, que devino
en cultivo y crianza de cierto nivel técnico,
determinó la primera gran división social del trabajo, lo que significó la diferenciación de unas comunidades agricultoras de otras
ganaderas, instancias en las que se mantuvo el trabajo colectivo y el interés
común. En todos los casos, la primera gran
división social del trabajo implicó: a) la especialización en el
trabajo, consecuentemente el desarrollo de las fuerzas productivas b) el aumento
de la producción y de la productividad
c) el excedente de la producción y el intercambio de este excedente entre las
comunidades mediante el trueque.
El desarrollo de la agricultura (plantación, y
siembra, cultivo y cosecha, almacenamiento y distribución de productos) demandó
el empleo de una serie de instrumentos y utensilios, por lo que se generaron
diversos oficios (cestería, cerámica, textilería, metalurgia, etc), que
luego se independizaron dando lugar a la segunda gran división social del trabajo: Las artesanías, las cuales aumentaron
aun más la producción de bienes, con el excedente para el intercambio.
En el
contexto de la primera y segunda división social del trabajo, hace unos
4 mil años a. C. es que se forja el modo de producción comunal, a lo que Luis
Vitale se refiere como un modo de
producción basado en una relación de producción colectiva, donde no existían
explotadores ni explotados y en unas fuerzas productivas fundamentales en la
agricultura y en instrumentos para el
trabajo en la alfarería y procesamiento de los metales. La apropiación
del producto era colectiva.
Como ya se ha visto, la existencia de un modo de
producción implica la articulación de sus componentes fuerzas productivas y
relaciones de producción en el proceso productivo. El modo de producción
comunal, en las comunidades agroalfareras de América, fue la expresión de una definida articulación
de las fuerzas productivas (instrumentos, recursos naturales y fuerza de trabajo) con las relaciones de
producción (trabajo comunal de los ayllus y calpullis, incluyendo trabajo en cada parcela). Vale
decir, la articulación de las fuerzas productivas con las relaciones de
producción se expresaba en la
organización del trabajo común (construcción de canales, riego, roturación de
tierras, etc.) para beneficio del conjunto de la comunidad; en la posesión
colectiva de la tierra y en la redistribución de parcelas en usufructo a cada
unidad doméstica; y, en la apropiación del producto con la redistribución del
excedente.
En el
modo de producción comunal la unidad doméstica (familia) no era autónoma o
autosuficiente, sino que dependía de la comunidad. En el caso del excedente,
éste no era apropiado directamente por cada familia, sino por la comunidad que
lo destinaba a un fondo común de reserva, lo que a su vez sería distribuido a
los miembros de la comunidad en tiempos de escasez, o en obras de interés
común, o en actos ceremoniales. De acuerdo a Luis Vitale, el excedente de la
`producción comunal, permitió una
división del trabajo más acentuada; algunos miembros de los ayllus y calpullis
dedicaron parte de su tiempo a la elaboración de productos no necesariamente
destinados a la alimentación, lo que derivó en la generación de sectores especializados en metalurgia,
alfarería, tejidos, cestería, madera, cuero, plumas, entre otros artesanos.
Tales sectores, no obstante su especialización, se mantenían e integrados a la
comunidad; su trabajo formaba parte del modo de producción comunal; los objetos
que fabricaban estaban al servicio del ayllu o del calpulli, con lo que
contribuyeron a mejorar las herramientas
e impulsar el desarrollo de las fuerzas productivas.
Durante la
época del modo de producción comunal los miembros de cada unidad familiar
practicaron la ayuda mutua en el trabajo (ayni, minka), una auténtica
reciprocidad v con un elevado nivel de identidad comunitaria. Igualmente se
practicó la redistribución del excedente de la producción no por la gracia de
una autoridad o gobernante comprensivo, sino por “el resultado de un acuerdo conjunto e
igualitario de los miembros de los ayllus y calpullis. La reciprocidad y la
redistribución se verán afectadas después, cuando se impone el tributo con las
elites que se encumbran en las comunidades y surgen los señoríos y los estados
regionales.
EL MODO DE
PRODUCCIÓN COMUNAL TRIBUTARIO –MPC-T.
a. LA TRANSICIÓN DEL MPC AL MPC-T
La dinámica del modo de producción comunal (desarrollo
de las fuerzas productivas, aumento de
la producción y productividad, control y redistribución del excedente de la
producción social, diferenciación del trabajo intelectual del manual), llevó a generar las primeras estructuras de
poder: jerarquías y rangos de jefes y shamanes. La autoridad de los jefes y shamanes se impuso sobre la comunidad
aparentando capacidades superiores, sobrehumanas, que utilizaban a favor del bien común.
El jefe
centralizó el excedente de la comunidad y lo destinó para sustentar el trabajo
de grandes obras en bien de la comunidad, tales como construcción de canales,
represas, fomento de nuevas áreas
agrícolas. Pero también el jefe utilizó el excedente de la comunidad en el intercambio con otras comunidades,
dando lugar al reparto de los bienes obtenidos para sus seguidores. A todas
luces, esta actividad resultaba grata para la comunidad en tanto aparecía como
un servicio del jefe. La comunidad
entregaba el excedente social al jefe y esperaba de él su devolución en un
equivalente. “Los
jefes locales comenzaron a desbordar su comunidad gentilicia, procurando unir
tribus y aldeas, ya sea por motivaciones económicas como religiosas y
de política intertribal. El objetivo era llegar a constituir un poder central
que consolidara la unidad de las tribus y permitiera un mayor control de la
redistribución de excedentes. El principal intento, en este sentido, fue el de
los mayas del segundo imperio (900 a 1500), al constituir la Liga Mayapán” (L.
Vitale: 1983: 91).
Los shamanes (brujos, hechiceros, magos, adivinos),
fueron personajes infaltables en las comunidades primitivas de cazadores y
recolectores. Se les atribuyó la capacidad de curación de males, comunicación
con los espíritus, modificación de situaciones climáticas y determinación de
zonas de caza favorables. Mediante actos rituales prepararon el estado anímico
de los cazadores para una faena exitosa. Sus conocimientos de la psicología
humana unidos a sus saberes sobre las propiedades de las plantas medicinales,
además de sus inquietudes por asociar el curso de los astros con el
destino de los seres humanos, los convirtieron en los iniciadores de la
separación del trabajo intelectual del manual. Los shamanes avanzaron de los
rituales mágicos a la elaboración de la ideología religiosa. Se estima que hacia
el año 200 a.C. los shamanes aparecen conformando el estrato social de los
sacerdotes.
De esta
manera, sobre la base del modo de producción comunal, las comunidades
agroalfareras mantuvieron la posesión colectiva de la tierra, pero se dio el inició de las desigualdades sociales con la
centralización del excedente de la producción social y su redistribución por
intervención de las elites emergentes de jefes, shamanes y sus
colaboradores. “Se dio así-confirma
Vitale- una situación contradictoria en que la comunidad
daba voluntariamente curso a la centralización del excedente, sin tomar
conciencia de que a la postre ese paso sentaría las bases de la dominación.
(Vitale, L. 1983: 89). La entrega voluntaria del excedente de la producción
social, devino en entrega obligada bajo la modalidad de tributo. El modo de
producción comunal devino en modo de
producción comunal tributario. Las formaciones sociales Chavín (1000 a.C.),
Paracas (700 a.C.), Moche (100 d.C.), Tiwanaku (200 a. C.) y Wari (600 d. C.) en la región andina;
Olmecas (1200 a. C.), Toltecas (800 d.C.) y Mayas (300 d.C.) en Mesoamérica,
tuvieron por base económica el modo de
producción comunal tributario; tales sociedades prepararon las condiciones
objetivas para el surgimiento de las
formaciones sociales Inca y Azteca.
b. EL MODO
DE PRODUCCIÓN COMUNAL-TRIBUTARIO EN LAS FORMACIONES
SOCIALES INCA Y AZTECA.
Cuando los españoles llegan a las islas del Mar Caribe
con el expedicionario Cristóbal Colón, año 1492, se encuentran con grupos humanos de
incipiente nivel cultural, entre cazadores y horticultores, a los cuales doblegan
fácilmente, y hasta los exterminan en tanto reaccionan a su presencia invasora.
En el continente americano existían dos formaciones sociales de mayor
desarrollo cultural: Azteca en Mesoamérica e Inca en la región Centroandina, a
cuya conquista enfilaron posteriormente los invasores españoles.
El
origen de los aztecas (llamados también méxicas), se ubica entre los grupos
hablantes del náhuatl en el norte del actual México. Su migración hacia el
altiplano central ocurrió entre los siglos XII y XIV. En su trayecto tuvieron
que enfrentar a diversos pueblos como los tepanecas y culhuacas, hasta que se posicionaron de un islote al
poniente del lago Texcoco, fundando Tenochtitlan el año 1325. Se estima que a
partir de 1430, en alianza con los altepetl de Texcoco y Tlacopan, los aztecas
derrotaron a los tepanecas e impusieron su dominio en la región sobre la base
del tributo, siendo sus gobernantes más destacados Moctezuma I (1440-1475) y
Moctezuma II o Xocoyotzin (1503-1520).
Según
la tradición los incas liderados por Manco Capac fundaron el Cusco hacia el año
1200, permaneciendo como un reino local hasta que Pachacutec (1438-1471), luego
de la guerra victoriosa contra los chancas, emprendió un proceso de expansión
territorial, el mismo que durante el reinado de Huayna Capac (1493-1525) llegó
por el norte hasta Pasto en Colombia y por el sur hasta el rio Maule en Chile.
Los Incas respetaron los ayllus con sus tierras, pero en algunos lugares
controlaron parte de esas tierras con la introducción de los mitimaes. Como se
sabe los mitimaes eran grupos de familias que se desplazaban por orden del Inca
para su desempeño en funciones de control de territorios incorporados,
colonización o reasentamiento humano.
Tanto
los incas como los aztecas fueron los continuadores de los avances de las culturas precedentes en
materia de agricultura, riego artificial, minería, metalurgia y artesanías.
Incas y aztecas organizaron sus sociedades sobre la base de la producción
comunal y la tributación al Estado controlado por una élite que, además, se
apropiaba de una parte del excedente social.
Se ha discutido bastante sobre el modo de producción
que primó en las formaciones sociales Inca y Azteca, de lo cual se ha
distinguido modo de producción comunista
o comunista agrario (planteado por
Luis E. Valcarcel, César Antonio Ugarte
y Pío Alvarado, entre otros); esclavista-patriarcal
(Carlos Núñez Anavitarte); semiesclavista
y semifeudal (Gustavo Valcarcel); modo
de producción asiático (enunciado por Marx
y sostenido por Maurice Godelier, Mercedes Oliva, Salomón Nahmad y
Agustín Barcelli); por último, modo de
producción comunal-tributario (sustentado por Luis Vitale). Al respecto, sobre esta controversia,
Waldemar Espinoza publicó Los modos de
producción inca al culminar la
década de los años 70.
Se cuestiona diametralmente el planteamiento de modo de producción comunista o
comunista agrario para las sociedades inca y azteca, puesto que en su base económica se desarrollaba una pugna
entre las fuerzas productivas que mantenían la posesión colectiva de la tierra y la cultivaba, y la
minoría privilegiada que exigía la entrega de tributo en bienes y trabajo
contando con los mecanismos de un aparato estatal. No se puede concebir un
comunismo agrario donde hay desigualdades sociales y donde hay Estado. El
comunismo significa igualdad en las relaciones entre los componentes del
colectivo humano; distribución igualitaria de los productos; reciprocidad
efectiva sin intervención ni presencia de entidades coactivas como el Estado,
lo que no ocurrió en sociedades avanzadas como la Inca y Azteca.
El modo de producción esclavista-patriarcal,
se define por la existencia de una clase gran propietaria del trabajador y de
los instrumentos de producción. Ni entre los incas ni entre los aztecas hubo un régimen de esclavitud en
el sentido estricto del término. Ni yanas ni mayeques fueron esclavos. Los
pinas durante los incas y los tlatlacotin durante los aztecas fueron rudimentos
de esclavitud que no definen el carácter de tales sociedades
Obviamente que se reconoce prestaciones forzosas de servicios en las
obras de regadío, cultivos y las construcciones monumentales.
Igualmente
se cuestiona la afirmación del modo de
producción feudal o semifeudal en las sociedades inca y azteca. El modo de
producción feudal que si se habrá de observar en todo su vigor en el espacio-tiempo
europeo, se basaba en el trabajo del siervo al servicio
del señor dueño de la propiedad privada de la tierra, vale decir el tributo del
siervo al señor feudal bajo la forma de trabajo. Durante el régimen de los
incas y aztecas el tributo a la élite que personificaba al Estado lo realizaba no el individuo de manera
personal, sino la comunidad que aún mantenía la posesión comunal de la tierra.
En ambos casos la tributación era expresión de servidumbre, pero no toda
servidumbre es feudal. Las comunidades incas y aztecas conservaron sus tierras,
su modo comunal de producir y no actuaron en la condición de vasallos como los
individuos de la época feudal europea.
En cuanto al modo
de producción asiático, diferenciado por Marx en su borrador Formas que preceden a la producción
capitalista (que se abstuvo de publicarlo porque consideró que requería de mayor tratamiento), fue estudiado
en las sociedades orientales como un modo de transición de las sociedades
preclasistas a las sociedades clasistas. Marx destaca la existencia de
“pequeñas entidades comunitarias”
“autosuficientes” que complementan la agricultura con la manufactura, sobre
las cuales se impone una “unidad
omnicomprensiva” que les demanda la
entrega del plusproducto como tributo, por lo que aparece como el propietario superior que a su vez asume la
programación de
obras públicas para garantizar la generación del
plusproducto y su entrega. Al respecto, Marx escribe: “En la mayor parte de las
formas fundamentales asiáticas la unidad
omnicomprensiva, que está por encima de todas estas pequeñas entidades
comunitarias, aparece como el propietario superior (…). El plusproducto -que
además se va determinando legalmente como consecuencia de la apropiación
efectiva a través del trabajo- pertenece entonces de por sí a esta unidad suprema.
Por lo tanto, en medio del despotismo oriental y de la carencia de propiedad
que parece existir jurídicamente en él, existe de hecho, como fundamento, esta
propiedad comunitaria o tribal, producto sobre todo de una combinación de
manufactura y agricultura dentro de la pequeña comunidad, que de ese modo se
vuelve enteramente autosuficiente y contiene en sí misma todas las condiciones
de la reproducción y la plus producción. Una parte de su plus trabajo pertenece
a la colectividad superior, que en última instancia existe como persona, y este
plus trabajo se hace efectivo tanto en tributo como en el trabajo común
destinado a exaltar a la unidad, en parte el déspota real, en parte a la
entidad tribal imaginada, el dios (…). El carácter colectivo del trabajo mismo,
lo cual puede constituir un sistema formalizado como en México, en especial
Perú, entre los antiguos celtas, algunas tribus de la India"(Marx, K. 2009
:69-70)).
Luis
Vitale que estudió acuciosamente el
pasado americano, admite que un modo de producción similar al asiático fue el
que impulsó el desarrollo de las culturas Inca y Azteca, pero repara en que el
término “asiático” es de orden geográfico y no corresponde para designar “relaciones de producción”, por lo que supone que Marx lo utilizó
“provisoriamente”. Vitale opta por otro
término afirmando: “Las formaciones inca y
azteca se basaban en un modo de producción que nos hemos permitido denominar
comunal-tributario. La élite dominante de esas sociedades usufructuó del modo
de producción comunal de las culturas sometidas, imponiéndoles un tributo y
apropiándose de parte del excedente o plusproducto, es decir, apropiándose de
una parte de la fuerza de trabajo de las comunidades” (Vitale. L. 1997:68). Vitale considera que la caracterización de modo de producción
comunal-tributario para las culturas inca y azteca es más precisa que l modo de
producción "asiático". En tal sentido sostiene: “Por comunal
entendemos la actividad conjunta que efectuaban las unidades domésticas -ayllus
y altépetles- dentro de la tribu. Estos núcleos familiares trabajaban las
parcelas que en usufructo les había repartido la comunidad, pero realizaban
tareas comunes de manera colectiva y ayudaban a otras familias a través de un
sistema cooperativo o de "minga". Asimismo agrega: “Aunque el Estado
había sometido a la comunidad-base, en las formaciones sociales inca y azteca
no se había cortado el cordón umbilical con la posesión colectiva de la tierra y
la producción comunal. No obstante, se generaron desigualdades sociales,
acentuándose las contradicciones entre campesinos y artesanos y entre ambos y
la élite dominante -militares, sacerdotes, funcionarios estatales-, que vivía
del trabajo de las comunidades base”. (Vitale, L. 1997: 69).
Ya
antes que Luis Vitale, durante los años 70 del pasado siglo, otros investigadores como Roger Bartra, Ion Banu, Joahanna Broda y Samin
Amin, habían destacado el carácter tributario en el modo de producción azteca,
como que así también procedieron con todas las sociedades consideradas del modo
de producción asiático. El mexicano Roger Bartra fue preciso en calificar “modo
de producción tributario” al modo de producción de los aztecas, expresando:
"Creo apropiado aceptar el término tributario propuesto por Ion Banu, ya
que -en efecto- el tributo constituye la clave que nos revela los resortes
clasistas de la relación entre comunidades y Estado"(Bartra R.1975, 214 y también
231, donde reitera que "la sociedad azteca, en los siglos XV y XVI, tenía
por base un modo de producción tributario ('asiático')". En
contraposición, Luis Vitale sostuvo: ”A nuestro juicio no basta con indicar que
estos pueblos estaban sometidos a tributación, sino que lo fundamental es
señalar cuál era su forma de producir y bajo qué relaciones de producción. El
tributo en trabajo -que forma parte del área productiva- es una relación social
que contribuye a definir un modo de producción, pero es insuficiente para
caracterizar el de los incas y los aztecas, porque -sin dejar de lado la
tributación- lo fundamental era la producción de las comunidades base. El
tributo, tanto en trabajo como en especie, provenía asimismo de los ayllus y
calpullis, lo que nos ha permitido definir como modo de producción
comunal-tributario a la forma de producir de las formaciones sociales inca y
azteca” (Vitale L. 1997, 69-70).
Igualmente Vitale muestra su desacuerdo
con la posición tributarista de S. Samin
y J. Broda por cuanto tales autores incurrían en la “hipervaloración del papel del Estado y de la superestructura
política”. En este sentido Broda enfatizó
que "las instituciones políticas
son la base para la organización económica".
Concluyendo:
A la llegada de los invasores ibéricos al continente
americano, imperaba en las formaciones sociales Inca y Azteca el modo de
producción comunal tributario. Las comunidades agrarias de base (ayllus y
calpullis) se esforzaban por producir un excedente -más allá de la satisfacción
de sus necesidades vitales-, porque
debían cumplir con el tributo impuesto
por la élite dominante.
Con el modo de producción comunal tributario se proyectaron
las clases sociales básicas: La elite dominante y la comunidad de base. La
elite dominante no cultivó la tierra, pero se mantuvo con el tributo en
bienes y trabajo de las comunidades sometidas.
Los
gobernantes inca y azteca que personificaban al Estado teocrático, no expropiaron las tierras en posesión de la
comunidad, pero se erigieron como
los propietarios simbólicos que repartían
graciosamente las parcelas en usufructuo.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Bartra, Roger. 1975. Marxismo y sociedades antiguas: el
modo de producción
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prehispánico. Editorial Grijalbo. México.
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Editores. Lima.
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Vitale,
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Latina. T I. Editado
por Instituto de Investigación de Movimientos
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1983. Génesis y desarrollo del
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sociales inca y azteca,en Boletín
Americanista, Universidad de Barcelona.
lahistoriaculturalgmail.com
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