EN TORNO A LA IDENTIDAD, CIUDADANÍA Y DEMOCRACIA

 

EN TORNO A LA IDENTIDAD, CIUDADANÍA Y DEMOCRACIA

                        Oscar Panty Neyra

Para estudiantes del 1er año de la carrera de Historia. Universidad Nacional Jorge Basadre.Verano 2023

I

LA IDENTIDAD 1

La identidad es el conjunto de rasgos que diferencian  al sujeto o a la colectividad respecto a los demás sujetoso  colectivos. La identidad es ese algo que somos y que vamos siendo a partir de la interacción con los otros significativos y con el contexto, lo que implica el conocimiento de nuestro origen y pertenencia; asimismo  el compartir nuestra historia, tradiciones, creencias, símbolos, valores, y modos de comportamiento.  Sólo en relación a la interacción con los otros significativos es que las diferencias y características individuales adquieren valor y se comportan como un soporte para la interacción social en general.

 

Como fenómeno individual, la identidad es la subjetividad que nos hace diferentes  de los otros, aun sabiendo que nos parecemos a esos otros que nos rodean. Como fenómeno social, la identidad posibilita la integración de sujetos y  colectivos de sujetos afines sobre la base  de intereses culturales comunes, lo que deviene en  la formación de identidades grupales,  nacionales y supranacionales.

 

Se distingue diversos tipos o modalidades de identidades: personal, sexual, grupal, institucional, religiosa, político-partidaria, clasista, territorial, regional,  nacional, cultural, entre otros. Tales identidades, como diferenciación del sujeto  o colectivo de sujetos respecto a los otros, pueden ser fuertes o débiles. Serán fuertes cuando hay autonomía y pertenencia claramente definidas; serán débiles cuando carentes  de reparos sucumben ante  las influencias de los otros, por ejemplo el  sometimiento a la imposición de las empresas transnacionales, o la rápida asimilación del “dejo” de un habla extranjera.

 

Lo anterior nos lleva a puntualizar que la identidad no es algo estático ni  inmutable,  ni  algo que se adquiere “de una sola vez y para siempre”; sino que es un ente maleable, manipulable y cambiante. La identidad se forma en la cotidianeidad del contexto de la realidad, momento a momento. Somos y no somos, nada permanece igual; lo concreto es que vamos siendo en la realidad que es dialéctica, como que todo lo que acontece en ella también lo es.  Entonces dialécticamente la identidad se genera y se proyecta en un contexto dinámico, contradictorio y cambiante; se relaciona con los demás entes y entra en contradicciones, las que resuelve sintetizando. Así la identidad aparece renovada, pero sus relaciones con los otros significativos la llevarán a nuevas contradicciones, nueva síntesis, renovación,  y así sucesivamente. 

 

Aquí, en la construcción de la identidad, lo fundamental es determinar quién la construye y cómo, es decir el sujeto bajo qué condiciones y modalidades actúa; asimismo  por qué y para qué  la construye, lo que implica precisar sus motivaciones, intereses, compromisos y fines en el contexto o trascendiendo  el contexto. 

 

Al respecto Cristián García Godoy, miembro de la Academia Nacional de la Historia (Buenos Aires, Argentina), frente al avance de la globalización, que pone en riesgo las identidades nacionales, plantea en su ensayo Globalización, identidad nacional e idioma (2006): “Conocer, lo mejor posible, nuestra historia nacional, regional, provincial y local, a fin de saber quiénes somos, de dónde venimos y cuál es nuestro destino en cuanto comunidad diferente.”, se entiende por su particular modo de ser, con su propia identidad. Y luego agrega que parecería redundante recordar la necesidad de poseer el conocimiento histórico en los niveles referidos. No obstante, indica: “Más no está demás expresar que los pueblos que no tienen memoria, están condenados a repetir los mismos errores y que la historia es “Magistra Vitae”, les guste o no a los activistas y a los ideólogos que prefieren pueblos desmemoriados, o mejor, sin memoria para implantar más fácilmente sus visiones del individuo, la sociedad y el mundo.”

 

Por su parte Luis Villorio, científico social mexicano, muy adentrado en los estudios sobre identidad en los colectivos, desde los grupos étnicos hasta las naciones, asevera: “Ninguna actividad intelectual ha logrado mejor que la historia, dar conciencia de la propia identidad a una comunidad. La historia nacional, regional o de grupos, cumplen, aun sin proponérselo, con una doble función social; por un lado favorece la cohesión al interior del grupo, por el otro refuerza actitudes de defensa y de lucha frente a los grupos externos” (citado por Muñoz 2006). Es evidente que entre todas las actividades y disciplinas del saber y del conocer, es la historia la que desempeña un rol superior en el forjamiento  de la identidad. Pero es necesario diferenciar entre una actividad empírica historizante, narrativa de lo apariencial y que satisface curiosidades y provoca entretenimientos, de otra actividad que es científica, de indagación contextual, de alto grado de abstracción y profundidad en el pensamiento, lo que es la historia propiamente dicha. La Historia como una disciplina científica tiene claramente definidos sus propósitos: forjar la identidad, preservar el interés social, contribuir a proyectar un mundo mejor. Igualmente cumple la doble función social arriba asignada.

Guardando correspondencia con lo anterior, nuestro connacional José Tamayo Herrera, en su obra Regionalización e identidad nacional (1988), reivindica el rol de la historia regional cuando expresa: la historia regional en países como el nuestro, sumidos en el colonialismo interno y en la construcción de una identidad nacional, rescata una doble dimensión, salva la memoria colectiva de las regiones olvidadas, pero al mismo tiempo cumple una misión futurista, porque potencia en las sociedades marginadas la identidad regional. Pero Tamayo Herrera avanza aún más al sostener que la historia regional es un formidable instrumento científico y político, con el cual el intelectual y el historiador señalan el camino y abren la trocha.

 

En síntesis, la historia memoria social de nuestros pueblos, pero también disciplina científica,, sirve para forjar la identidad en todas sus modalidades, desde las individuales y locales, hasta las colectivas nacionales y supranacionales. La identidad es sentimiento y es autoconcepto de lo que somos y de lo que vamos siendo: es decir,  sujetos significativos a partir de la interacción con los otros  significativos y con el contexto, lo que implica el conocimiento de nuestro origen y pertenencia. Asimismo la historia sirve para compartir nuestras tradiciones, creencias, símbolos, valores, modos de comportamiento y ocupación de áreas espaciales.

 

II

LA CIUDADANÍA EN EL PROCESO  REPUBLICANO Y EL ROL DE LA EDUCACIÓN EN  LA FORMACIÓN  CIUDADANA 2

 

Restricción y exclusión en el ejercicio de la  ciudadanía

De las doce constituciones promulgadas en el Perú republicano, las diez primeras restringieron el ejercicio ciudadano a los varones y lo negaron a las mujeres desde 1823 hasta 1979. 

Valga mencionar que la Constitución de 1920, vigente durante el régimen leguiísta, en su artículo 62 establecía: “Son ciudadanos en ejercicio, los peruanos mayores de 21 años y los casados, aunque no hayan llegado a dicha edad.” Asimismo, en su artículo 66 indicaba: “Gozan de derecho de sufragio los ciudadanos en ejercicio que saben leer y escribir.”

La Constitución de 1933, no obstante la insistente prédica socialdemócrata a favor de la igualdad de derechos entre varones y mujeres, mantuvo las limitaciones de la ciudadanía en los términos siguientes: Art. 84.- Son ciudadanos los peruanos varones mayores de edad, los casados mayores de dieciocho años y los emancipados.”  En esta misma orientación excluyente, agregaba: “Art. 86.- Gozan del derecho de sufragio los ciudadanos que sepan leer y escribir; y, en elecciones municipales, las mujeres peruanas mayores de edad, las casadas o que lo hayan estado, y las madres de familia aunque no hayan llegado a su mayoría.”

Será con la Constitución de 1979 que se habrá de ampliar la cobertura ciudadana estableciendo de modo general en su artículo 65: “Son ciudadanos los peruanos mayores de dieciocho años. Para el ejercicio de la ciudadanía se requiere estar inscrito en el Registro Electoral.” Con esta constitución quedó eliminado el requisito de “saber leer y escribir”; y, además, las mujeres fueron reconocidas literalmente en sus derechos ciudadanos.

Ya entrado el siglo XXI, y estando en la ruta del Bicentenario de la independencia y la república, la expresión  “(Perú) República sin ciudadanos” (Flores Galindo, A.1986),  se 

se mantiene frente a la inconsistencia de su real ejercicio. Ahora se conceptúa “ Perú, república con ciudadanías restringidas”, “con ciudadanías inconclusas”  o  “con ciudadanías excluídas”

Es claro que en el Perú el ejercicio ciudadano tanto en la teoría del texto constitucional como en la práctica social, se orienta principalmente a la participación en el acto de sufragio, lo que se traduce en las elecciones periódicas para la renovación de autoridades en  las diversas instancias gubernativas. Cumplido tal acto,  no se observa mayor relación de comunicación ni control de los ciudadanos electores respecto a las autoridades elegidas

Pero veamos, ¿qué se entiende por ser ciudadano en el buen  sentido del término?:

·         Ser ciudadano es disfrutar de los derechos reconocidos legalmente y es demandar el reconocimiento de otros derechos que valoren  integralmente  la condición humana;

·         Es ser incluido  en el sistema político y ejercer el derecho a participar permanentemente en la definición del sistema y su funcionamiento;

·         Es ser partícipe de la construcción colectiva de la ciudadanía y la democracia  mediante las organizaciones de la sociedad civil;

·         Es participar en las relaciones entre la sociedad civil y el Estado en la perspectiva de mejores condiciones de existencia para una sociedad de bienestar general.

·         Es asumir la reivindicación de la sociedad civil como la generadora del Estado, por tanto depositaria de la soberanía.

Las organizaciones políticas  y el nuevo sentido de la educación en  el avance del ejercicio de la ciudadanía.

Para que se avance en el ejercicio de la ciudadanía, consecuentemente en la construcción de una democracia  de plena participación en todas las áreas de la actividad nacional, se requiere que los ciudadanos intervengan desde y con las organizaciones de la sociedad civil, sean éstas políticas, gremiales, sociales o culturales. Es evidente que las organizaciones políticas son las que conducen a tratar los asuntos de interés nacional que son asuntos de estado; y son ellas, las que al llegar al poder asumen la responsabilidad de la conducción de los destinos de la sociedad. De aquí también nuestra preocupación por el rol de las organizaciones  político-partidarias en el ejercicio de la ciudadanía.

Bien sabemos que en los últimos tiempos las organizaciones políticas han disminuído su capacidad de convocatoria por su crisis de dirección y de funcionamiento, además de sus experiencias desastrosas en los gobiernos a los que tuvieron acceso.  Por su parte los ciudadanos, en su mayoría muestran estados de rechazo, decepción, desconfianza  y apatía respecto a los partidos políticos que han caído en el burocratismo, postergando o impidiendo la renovación de sus cuadros dirigentes; que han claudicado de sus principios o abandonado sus programas, además de haber incurrido en una creciente corrupción   que estigmatiza a las personalidades y su organización.       

Un reciente estudio local sobre Desigualdad y exclusión social en Tacna (Nieto, Panty et tal., 2015) revela que un 66% de encuestados no participa en  organización política alguna, lo que refleja alarmante desinterés por el funcionamiento  del Estado, sus problemas y su gobernabilidad. Un 30% simpatiza con la organización, pero no forma parte de la membresía,  por lo que no asume ni compromisos  ni  responsabilidades.  Por    último, un reducido grupo de 4% asume la condición de afiliado a la organización partidaria, por lo que adquiere derechos y obligaciones y cumple con la disciplina institucional.

Puntualicemos, en una sociedad como la nuestra, con “ciudadanías restringidas”, “inconclusas” o “excluídas” ¿qué hacer para el logro de un efectivo ejercicio de la ciudadanía?.

Somos partícipes de la idea que hay que contribuir a formar al ciudadano mediante una educación en dos dimensiones: Educación técnico-profesional y Educación política.

Si la educación es un derecho universal, además de un recurso para el desarrollo de las capacidades y competencias, entonces los ciudadanos y futuros ciudadanos deben acceder sin exclusiones al nivel de una educación superior, técnica o profesional, que les permita un desempeño eficaz y eficiente en las tareas que la sociedad le asigne.  Se afirma que en una sociedad en democracia, que aspira a la prosperidad general, corresponde al Estado impulsar la  modernización del sistema educativo con la diversificación y debida implementación de sus servicios, ampliación de su cobertura y labor docente con alto nivel académico, científico, ético y filosófico, a efectos de garantizar  una formación de calidad de los técnicos y profesionales, los  que deben formular soluciones adecuadas y oportunas a los problemas que se presenten en el curso de la evolución social.    

En cuanto a las organizaciones de la sociedad civil, entre ellas las organizaciones políticas, les corresponde asumir la función de una  educación  ciudadana para  su membresía en toda su extensión, de tal modo que, además de su convicción ideológica,  esté convenientemente preparada para un eventual  desempeño en la conducción del Estado. Actualmente podemos distinguir, en primer lugar, grandes masas de ciudadanos despolitizados, sin responsabilidad social en la construcción de regímenes democráticos, pero potenciales protagonistas de movilizaciones de indignados; en segundo lugar, pequeños grupos de ciudadanos sin formación básica en política, pero que incursionan en esta actividad como si se tratara de un negocio de ocasión, llegando en no pocas veces a constituir gobiernos de advenedizos, presentistas y no representativos de los grandes intereses sociales.  La Política conceptuada como ciencia de la administración del Estado, implica un conocimiento integral de la estructura, funcionamiento y problemas de la sociedad y el Estado. Estos son, precisamente,  los contenidos de una educación política para un efectivo ejercicio de la ciudadanía.

III

LA DEMOCRACIA

Como se sabe, desde la fundación de la república, la historiografía nacional ha registrado gobiernos constitucionalmente elegidos alternados por gobiernos de facto producto de golpes  militares o por ruptura del equilibrio de poderes con la imposición del presidencialismo. De aquí la derivación de los calificativos “instauración de la dictadura”, “retorno a la democracia”. Así, después de la última experiencia dictatorial  de una década con el fujimorismo, finalizada en el año dos mil con la insurgencia popular denominada  “marcha de los cuatro suyos”,  la sociedad peruana vuelve formalmente a la democracia considerada por la clase política tradicional como el sistema de gobierno más conveniente. Si esto es así, entonces ¿por qué el Perú estando por cumplir el bicentenario de la independencia y fundación de la república sigue siendo un país primario exportador y con grandes desigualdades sociales, además de la corrupción administrativa y la violencia delicuencial generalizadas?.

 

La democracia, los alcances de su significado y su práctica 3

 

En sentido restringido, el término  Democracia designa  la forma de gobierno del Estado que determina en los ciudadanos la elección periódica de sus gobernantes para que los representen en la toma de decisiones sobre la administración y conducción del país. Se distingue democracia directa  de otra indirecta. Democracia directa, cuando la ciudadanía toma decisiones sobre asuntos de interés nacional mediante referéndums, plebiscitos vinculantes, iniciativas legislativas y votación de leyes. Democracia indirecta, denominada tambien representativa, cuando la ciudadanía delega en sus representantes la toma de decisiones. En ambos casos se trata de una democracia en lo político procedimental. Empíricamente sus antecedentes  se remontan a Grecia antigua. 

 

En sentido amplio, superando la abstracción política, el término  Democracia designa al sistema de convivencia social donde los integrantes  de la sociedad civil son libres e iguales en derechos, y sus relaciones se rigen por mecanismos contractuales debidamente establecidos. Se distingue  una democracia progresiva de otra lntegral. Con la democracia progresiva se tiende al reconocimiento gradual de los derechos en perspectiva total, según se afirma. Con la democracia integral se busca la  participación plena  de los miembros de la sociedad civil, en igualdad de condiciones,  en todas las áreas de la actividad humana, ya sea en lo económico, social, político y cultural, lo que implica una restructuración radical  de la sociedad desde su base material hasta sus componentes superestructurales en armonía con el interés común.  Los antecedentes de esta democracia se remontan al pensamiento de los socialistas utópicos.

La democracia formal es el régimen político de las sociedades del capitalismo globalizado. Destacan como países hegemónicos Estados Unidos y la Unión Europea, los cuales se han encumbrando controlando los mercados y sometiendo bajo su dependencia a los países ´productores de materias primas.  Los teóricos del sistema liberal convergen en el planteamiento que  la democracia es la renovación periódica de autoridades en el marco de una economía de mercado. El  norteamericano Francis Fukuyama, autor del libro El fin de la historia y el último hombre, cita  a Michael Doyle, profesor de Política de la Universidad de Columbia, indicando: “Doyle estima que para que un país pueda considerarse una democracia ha de tener una economía de mercado, gobierno representativo, soberanía externa y derechos jurídicos”. El mismo Fukuyama sostiene: “Un país es democrático si sus habitantes gozan del derecho a elegir su propio gobierno mediante elecciones periódicas, en votación secreta y con multiplicidad de partidos, por medio del sufragio adulto universal e igual”. Ambos teóricos se inclinan por la democracia formal que centra la  atención en el  respeto y cumplimiento de normas y procedimientos. La democracia de la igualdad jurídica, más no de la igualdad económica y social.

El acto del sufragio, punto culminante  de la democracia formal.

En el Perú, como en los otros países latinoamericanos, la democracia formal se reduce al proceso electoral cuyo punto culminante es el acto del sufragio. Más allá de eventuales consultas como los referéndums, no hay participación ciudadana masiva ni mucho menos efectiva. Por falta de compromiso partidario y por carencia de formación política, los ciudadanos en su mayor parte concurren al acto del sufragio sin previa deliberación sobre el asunto objeto  de elección. La ley sanciona a los ciudadanos que no asisten; no obstante el ausentismo se acentúa, o por indiferencia o por desencanto respecto a la democracia formal, como que también crece el número de votos viciados y nulos según se observa en los resultados del último proceso. 

Por otra parte, los ciudadanos electores  no controlan a los ciudadanos  elegidos, o por la falta de mecanismos e instrumentos adecuados o por el contexto alienante de la sociedad clasista, ahora reforzado con el discurso presentista del pensamiento posmoderno. De aquí que se produzca la ruptura de la relación democrática entre ciudadanos y representantes, por lo que la conducta de estos últimos puede derivar en  el autoritarismo, transfuguismo, corrupción y el servicio entrguista a intereses de los grupos de poder interno e internacional, por mencionar algunos de los males contemporáneos.   

La democracia real implica igualdad,  empezando por lo económico.

Las sociedades emergentes del Perú y Latinoamérica por tener  un  pasado común, por compartir similares situaciones actuales de dominación y  exclusión internas incluyendo  la sujeción a potencias hegemónicas del capitalismo globalizado, por haber llegado a la situación-límite del fracaso recurrente de las democracias liberales y,  por sus anhelos integracionistas en una cultura de paz y bienestar general,  tienen como imperativo de la época pasar de la democracia formal de las elecciones periódicas a la democracia real, sustantiva o integral de participación plena, en todas las instancias de organización y funcionamiento de la vida social. Una democracia de participación plena que implica igualdad de derechos y libertades  de toda índole para el conjunto de los miembros de la sociedad, empezando por lo económico.

Evidentemente que  el paso  de la democracia formal a la democracia integral solo será una realidad concreta con nuevos  mecanismos e instrumentos de participación ciudadana, entre  éstos fundamental es la organización política permanente –claro está el Partido con democracia interna- que capacite y promocione al ciudadano para el desempeño responsable en  las funciones del Estado y en la Sociedad Civil, partiendo de los principios de Igualdad, Participación deliberante  Objetividad, Activismo orgánico y Honestidad.

Que la conmemoración del Bicentenario sea motivo para la renovación del compromiso y la práctica social por la construcción de la democracia integral en el país, con un Estado soberano que maneje el control y transformación de nuestros recursos naturales en función del beneficio común, a la vez que sea expresión clara de la voluntad de nuestro pueblo por la integración latinoamericana largamente anhelada.  En esta gran tarea de transformación nacional por el camino del progreso, el interés nacional y el  bienestar general,  fundamentales son los soportes de la organización ciudadana, su capacitación permanente  y su participación  deliberante.

----------------------------------------------

Notas.-

1, Texto del autor en el libro La historia crítica interpretativa y sus criterios básicos. P. 166-169. Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann. Tacna, 2015.

 

2.  Artículo editorial del autor en la revista universitaria La vida  y la historia N°6 UNJBG. Tacna, 2017.

3. Artículo editorial del autor en la revista universitaria La vida y la historia N°8. UNJBG. Tacna, 2018.

 

 

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

MODELOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD SOCIAL

CORRIENTES FILOSÓFICAS Y PARADIGMAS